Cuando se desborda la pasiĂłnPor: Jossie Zamora
Los años pasan pero el dolor de sus conocidos y familiares nunca tendrĂĄn cura, lo que era un sano espectaculo para toda la familia y una fiesta deportiva entre 2 paises, terminĂł en una de las pĂĄginas mĂĄs negras que ha escrito la historia del fĂștbol.
La aficiĂłn guatemalteca queria apoyar a su selecciĂłn ante Costa Rica, en temas deportivos los guatemaltecos no se llevan muy con los nuestros por lo que el partido iba ser de vida o muerte para la tricolor.
Los periodicos impactaban a la gente con las crueles imagenes de la avalancha que cobrĂł la vida de 84 personas y 105 heridos, jugadores, bomberos, cruzrojistas, voluntarios tuvieron que redoblar esfuerzos y tratar de sacar a los que trataban de salir de ese mar de gente que queria presenciar el partido.
La capacidad del Estadio Mateo Flores era de 45 mil espectadores y para aquel 16 de Octubre del 96, 10 mil personas habĂan superado la capacidad del inmueble, nadie sabe como ingresaron tanta cantidad de personas a un solo mismo sector, lo que si sabe es que la gente querĂa aquel importante juego a como diera lugar.
Lamentablemente la tragedia sirviĂł de lecciĂłn para los estadios mĂĄs importantes de nuestra regiĂłn no solo para partidos de fĂștbol sino para eventos masivos, lo que si me duele de esto fue que tuvieron morir tantas personas para darse cuenta que hubieron anomalias en la venta de entradas.
En Costa Rica la situaciĂłn no se tomĂł en serio despuĂ©s de lo que ocurriĂł en Guatemala, no es posible que las productoras organicen conciertos en un estadio tan viejo y tan abandonado como lo es el Ricardo Saprissa, con solo pasar de largo uno ve que ese estadio ya cumpliĂł su ciclo y un colapso en su estructura no serĂa nada asombroso durante uno de esos recitales donde solo ganan las productoras y los fiebres de los grupos musicales.
Las potencia que tienen los amplificadores de sonido durante esos eventos deterioran mas el estadio que ya tiene mas 20 años sin ser remodelado desde la gestión de Fabio Garnier, pero no nos quedemos en Tibås, después del concierto de Red Hot Chilly Peppers en el Eladio Rosabal Cordero, la gramilla del inmueble herediano quedó totalmente inservible y obviamente sirvió de burla para la opinión publica.
La desesperaciĂłn de los empresarios por organizar eventos masivos como los conciertos de los Ășltimos años donde han traido grupos de renombre, podrĂan pasarle la factura mĂĄs cara que haya recibido debido al abandono de las estructuras por la desesperaciĂłn de ver a su grupo favorito.
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